Filmin estrena «Nina», la nueva película que bajo la dirección de Andrea Jaurrieta conjuga la crudeza del western con la delicadeza poética e invita al espectador a reflexionar sobre las cicatrices del pasado y el incierto camino de la justicia.
El horizonte del cine español se sacude con la llegada de «Nina», la más reciente obra de Andrea Jaurrieta, que emerge como un grito visceral, un susurro de pólvora y rabia contenido en 105 minutos de puro cine. Este 6 de septiembre, Filmin abre sus puertas para el estreno de un western contemporáneo que desafía los límites del género y de la memoria colectiva, impulsando a sus personajes en una vorágine de recuerdos, desasosiego y venganza.
Protagonizada por Patricia López Arnaiz, «Nina» se adentra en el oscuro laberinto de una mujer decidida a enfrentarse al monstruo que marcó su infancia: Pedro, un célebre escritor interpretado con escalofriante intensidad por Darío Grandinetti. En un giro de trama digno de las más grandes epopeyas del cine, Nina regresa al pueblo costero donde se desdibujó su inocencia, portando en su bolso no solo una escopeta, sino también la furia acumulada por años de silencio.
La narrativa de Jaurrieta, inspirada en la obra teatral de José Ramón Fernández y con ecos de La Gaviota de Chéjov, se presenta aquí como una meditación sobre los límites de la moralidad y la venganza, un viaje que la directora describe como «una revisión poética y contemporánea del western». Pero esta revisión no es meramente un homenaje; es una subversión audaz del género, donde la figura del héroe se desmorona bajo el peso de la realidad y el espectador es arrastrado hacia un crisol de emociones intensas y dilemas éticos.
Nina ya dejó su huella en el Festival de Málaga, donde fue galardonada con el Premio de la Crítica, y en el Festival D’A, consolidándose como una de las propuestas más atrevidas del cine español reciente. Con su estreno en cines el pasado mayo, distribuida por BTeam Pictures, la película ha ido cosechando elogios que la posicionan como un referente del cine feminista, un western teñido de rojo sangre y de dolor silente.
Andrea Jaurrieta, que debutó en el largometraje con la aclamada Ana de día, demuestra una vez más su dominio narrativo, presentando un filme que es tanto una obra de arte como un necesario ejercicio de memoria. Con una dirección que conjuga la crudeza del western con la delicadeza poética, Jaurrieta invita al espectador a reflexionar sobre las cicatrices del pasado y el incierto camino de la justicia.




















