El Festival Internacional de Cine el ojO cojo ha anunciado los ganadores de su XXII edición, un palmarés que atraviesa Irán, Australia y Aotearoa Nueva Zelanda para reivindicar el cine como herramienta de denuncia, memoria y resistencia frente a las estructuras de poder, el colonialismo y la manipulación social.

El Festival Internacional de Cine el ojO cojo, certamen madrileño dedicado al cine social e independiente y al diálogo intercultural, ha hecho público el palmarés de su XXII edición, marcado por una fuerte carga política y humanista. Los premios, decididos por el jurado de cortometrajes integrado por Susana Hornos, Jillian Desirée Oliveras y Kirill Alekhin, y el de largometrajes compuesto por Ike Nnaebue, Rosario, Hajnal Molnar-Szakacs, Emiliano Basile y Mónica Gyamlani, configuran una selección de obras que reflexionan sobre el poder, la identidad y la resistencia.

El Premio Guiño a Mejor Largometraje de Ficción ha sido para la película iraní Sunshine Express, dirigida por Amirali Navaee. El film plantea una alegoría política ambientada en un juego de rol a bordo de un tren que funciona como microcosmos del totalitarismo. A través de una puesta en escena cercana al formato de reality show y con ecos kafkianos, la obra explora cómo la ilusión de elección y la manipulación emocional sostienen los sistemas de dominación. Rodada con un presupuesto mínimo en Teherán y estrenada en el Festival Internacional de Rotterdam 2025, la película ha sido destacada por su capacidad de interpelar al espectador desde la incomodidad y la reflexión sobre los mecanismos del poder contemporáneo.
En la categoría documental, el galardón principal ha sido para la producción australiana Yurlu | Country, dirigida por Yaara Bou Melhem. La obra narra la historia del anciano indígena Maitland Parker y su lucha por la justicia medioambiental en la región del Pilbara, gravemente afectada por la contaminación del amianto procedente de antiguas explotaciones mineras. El documental combina denuncia ecológica, memoria ancestral y relato íntimo, mostrando las consecuencias del abandono institucional sobre las comunidades aborígenes. La película, co-creada junto al propio Parker, ha sido reconocida internacionalmente por su tratamiento del territorio como cuerpo vivo y herido.

El jurado ha otorgado además una Mención Especial en largometraje documental a The Haka Party Incident, de la directora neozelandesa Katie Wolfe, que reconstruye un episodio clave del racismo estructural en Aotearoa Nueva Zelanda. El documental revisita el enfrentamiento de 1979 entre activistas māori y estudiantes universitarios, un hecho que marcó un punto de inflexión en el debate sobre la identidad nacional y las relaciones entre comunidades indígenas y población pākehā. La obra combina archivo, testimonios y reflexión histórica para interrogar la persistencia del racismo en el presente.
En el apartado de cortometrajes, el premio ha recaído en When the Geese Flew, dirigida por Arthur Gay. La historia sigue a Cyrus, un adolescente que trabaja en el taller de su padre y enfrenta la inminente separación de su familia tras la marcha de su hermana, su único apoyo emocional. El film explora la soledad juvenil y la fragilidad de los vínculos familiares en un entorno marcado por el silencio emocional, utilizando el paisaje como extensión del estado psicológico del protagonista.
La Mención Especial en cortometraje ha sido para ACE, de Raymond Edwards, una obra que combina imagen real, animación y mitología māori para narrar el viaje imaginario de un niño que intenta salvar la unión de sus padres. La película destaca por su dimensión simbólica y su exploración de la identidad cultural a través del vínculo con los ancestros y la tradición oral.
El palmarés de esta edición del festival revela una línea temática común: la confrontación con sistemas de poder que afectan tanto a individuos como a comunidades enteras. Desde el totalitarismo simbólico de Sunshine Express hasta la violencia colonial y medioambiental de Yurlu | Country, pasando por la memoria histórica de The Haka Party Incident y la vulnerabilidad emocional en When the Geese Flew, las obras premiadas comparten una voluntad de interpelación política y ética.
Asimismo, el festival subraya la diversidad formal de las obras seleccionadas, que transitan entre el documental, la ficción, la performance visual y la animación. Esta heterogeneidad se convierte en una declaración de principios: la forma cinematográfica no es solo un vehículo narrativo, sino parte esencial del discurso.

El Festival Internacional de Cine el ojO cojo, organizado por ojOOjo, mantiene su compromiso con la accesibilidad universal, ofreciendo proyecciones gratuitas y adaptadas para personas con discapacidad visual y auditiva. Su objetivo, consolidado tras más de dos décadas, es fomentar el cine como herramienta de inclusión, pensamiento crítico y transformación social.
En conjunto, esta XXII edición reafirma al certamen como un espacio donde el cine independiente no solo se exhibe, sino que se entiende como acto político y cultural: una forma de resistencia frente al silencio, la indiferencia y la normalización de la injusticia social



















