
La antigua ciudad china, Patrimonio Mundial de la UNESCO, impulsa un encuentro global con iconos como Stonehenge, la Acrópolis, Roma y Toledo, para reflexionar sobre el valor del patrimonio cultural en el desarrollo del futuro.
Hangzhou (China), octubre de 2025.
En el corazón de China, entre los ríos y montañas de Zhejiang, una civilización de más de 5.000 años ha vuelto a levantar la voz. Liangzhu, la “isla hermosa entre las aguas”, no solo representa una joya arqueológica, sino también un símbolo de entendimiento entre culturas. Desde allí, se lanza una invitación que viaja más de 10.000 kilómetros: un diálogo cultural con algunos de los mayores tesoros del planeta, entre ellos Stonehenge, la Acrópolis de Atenas, la antigua Roma y la ciudad española de Toledo.
El encuentro tuvo lugar en el III Foro de Liangzhu, bajo el lema “El renacer de la civilización: Patrimonio Cultural y Diversidad Cultural de la Humanidad”, un evento que ha reunido a más de 400 expertos de 60 países para debatir sobre los desafíos de preservar el pasado en un mundo acelerado. Las conversaciones giraron en torno al equilibrio entre desarrollo y conservación, la innovación museística y la creación de nuevas sinergias culturales internacionales.
Toledo, puente entre culturas
Toledo fue uno de los puntos fuertes del diálogo. Los expertos destacaron su legado como ejemplo de convivencia entre las tres grandes culturas del Mediterráneo cristiana, judía y musulmana , así como su papel como laboratorio histórico de tolerancia e intercambio.
A pesar de estar separadas por más de 10.000 kilómetros y 3.000 años, Liangzhu y Toledo comparten una esencia común: ambas representan civilizaciones que florecieron gracias a la fusión de culturas, el ingenio arquitectónico y una planificación urbana adelantada a su tiempo.
Los investigadores señalaron que el modelo de Toledo puede servir de inspiración para la gestión de ciudades patrimoniales en todo el mundo, combinando tradición y modernidad, turismo sostenible e innovación digital.
Liangzhu: el origen de la civilización china
El yacimiento de Liangzhu, inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en 2019, es considerado la cuna de la civilización arrocera del delta del Yangtsé. Con más de tres millones de metros cuadrados y un sistema hidráulico que desafía la ingeniería moderna, es una muestra del alto grado de organización social, tecnológica y espiritual alcanzado hace más de cinco milenios.
En la actualidad, el proyecto “Liangzhu y el Mundo” busca tender puentes entre culturas mediante exposiciones itinerantes, bases de datos culturales internacionales y programas de cooperación con países como Grecia, Cuba, Brasil o España. Estas iniciativas se enmarcan dentro de la Iniciativa para la Civilización Global, impulsada por China en 2023, que defiende la cultura como motor del desarrollo sostenible.

Zhejiang, la cuna de la tradición y la modernidad
La provincia de Zhejiang, donde se encuentra Liangzhu, es un ejemplo del contraste entre la China ancestral y la contemporánea. Con apenas una quinta parte del territorio español pero más de 58 millones de habitantes, combina un poderoso tejido industrial con una profunda herencia cultural: templos budistas, bibliotecas milenarias como el Pabellón Tianyi, y joyas naturales como el Lago del Oeste, Patrimonio Mundial de la UNESCO.
En su capital, Hangzhou, descrita por Marco Polo como el “Paraíso Terrenal”, se puede sentir esa armonía entre lo antiguo y lo nuevo. Sus calles combinan mercados tradicionales con museos de vanguardia, mientras sus templos budistas siguen siendo centros de peregrinación espiritual y cultural.
Un futuro que mira al pasado
En las conclusiones del foro, los expertos coincidieron en un mensaje común: la cultura no debe ser vista como un fin del desarrollo sostenible, sino como su motor esencial. Liangzhu y Toledo, aunque separadas por milenios y continentes, representan la misma idea: que el diálogo entre civilizaciones no pertenece al pasado, sino al futuro.
El desafío, coincidieron los ponentes, será mantener viva esa conversación entre culturas milenarias y sociedades modernas. Porque, como recordaron en el foro, proteger el patrimonio no es conservar ruinas, sino preservar la memoria de lo que nos hace humanos.




















